Ambulancias escocesas en el frente de Madrid
El 17 de Septiembre de 1936 llegaba a Madrid una expedición capitaneada por la intrépida, voluntaria y polémica Miss Jacobsen. Su misión era traer a España todo tipo de ayuda humanitaria, donada por los Escoceses, sin ningún tipo de ayuda pública ni subvención.
Para transportar los suministros utilizaban seis ambulancias, 12 pequeños camiones, un coche y un autobús que tendrían mucha utilidad dentro de los combates de una guerra que acababa de empezar y que prometía necesitar de todos ellos.
Las tropas nacionales se dispusieron en torno a Madrid y comenzaron los combates por lo cual las seis ambulancias se distribuyeron por los diferentes frentes de batalla de la capital y alrededores. Uno de los vehículos estaba emplazado casi las 24 horas en la Casa de Campo. Otro había sido trasladado hasta Olías del Rey (Toledo) y otros dos se encontraban ubicados en Parla y Getafe. El cuartel general de las ambulancias escocesas se ubicó, días después de llegar, en la zona de Aranjuez. Se cree que en los tres primeros meses de guerra atendieron a más de 2.500 heridos.
Fernanda Jacobsen concendio una entrevista al diario Crónica en 1936:
"Actuamos sin descanso repartiendo víveres entre la población civil necesitada y colaboramos en el traslado de heridos del frente de batalla a hospitales. También ayudamos a las víctimas de los bombardeos. Los víveres que tenemos nosotros vienen directamente desde Escocia. Llegan por barco a Valencia, nos desplazamos allí a recogerlos y posteriormente los traemos de nuevo a Madrid. Ni que decir tiene que van destinados fundamentalmente a mujeres, ancianos y niños. Quiero dejar claro que nuestro viaje es puramente romántico. Ni el Gobierno de Escocia ni el de España nos entregan nada de dinero. Venimos aquí porque creemos en los valores democráticos."
Tras un paréntesis navideño en que retornaron a Escocia, en enero de 1937 se producía una segunda expedición, más del cincuenta por ciento de los integrantes eran novatos, además se trasladó el cuartel general a los anexos de la embajada británica en Madrid y ahí fue donde comenzó la polémica. Algunos miembros de las Brigadas Internacionales empezaron a acusar a las ambulancias escocesas de entregar víveres a los franquistas que se encontraban refugiados tanto en la embajada inglesa como en otras legaciones diplomáticas. Ian MacDougall en el libro ‘Voices for the spanish civil war’ acusaba a Cristopher Lance, el máximo responsable de la embajada inglesa, de organizar expediciones clandestinas de refugiados franquistas a Valencia para desde allí ser trasladados a Francia. Estas acusaciones llegan a señalar que “los presos franquistas salían de la embajada en las ambulancias escocesas, repletos de vendas, como si se tratara de heridos republicanos”.
También se acusó a las ambulancias escocesas de robar sus pertenencias a los combatientes republicanos muertos, extremo este que nunca llegó a ser demostrado, por su parte Fernanda Jacobsen fue condecorada por el Gobierno Británico en la coronación de Jorge VI.
La escocesa permaneció al frente de su equipo hasta el final de la contienda. Aún con los nacionales en la capital Jacobsen y sus pocas ambulancias que quedaban en pie, siguieron repartiendo víveres y ayuda humanitaria entre la desnutrida población de Madrid. El hecho de no marcharse tras la llegada de los militares rebeldes le valió para recibir severas críticas por parte de la prensa comunista internacional . Le llegaron a calificar como “una mujer ambigua”.
Priscilla Scott-Ellis, una aristócrata inglesa, que había trabajado como enfermera del lado franquista en Salamanca y Jerez la describía de la siguiente manera:
"Una mujer increíble, pequeña y cuadrada con un culo enorme. Siempre viste falda escocesa y medias gruesas de lana, zapatos de cuero duro y chaqueta caqui militar. Lleva un capotillo con cardos y un sombrero negro escocés".
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