Gas para todos

Como decíamos anteriormente en La Haya se celebraron dos conferencias, una en 1899 y la otra en 1907.  Su intención no era otra que limitar el armamento y establecer unas leyes de guerra. No se consiguió ni lo uno ni lo otro, bueno pudo haber sido peor, al menos se sentaron pequeñas limitaciones aunque solo fuesen formales y se constituyó un tribunal internacional.

Lo que se pidió en la primera conferencia, visto desde el siglo XXI puede resultar chocante, si no gracioso: "Prohibir el uso en los ejércitos y las flotas navales de nuevos tipos de armas y nuevos explosivos o cualquier otro tipo de detonantes más poderosos de los que son utilizados actualmente, lo mismo en rifles o cañones".

Mientras en la Haya se pedía esto la escalada de investigación y fabricación de nuevas armas era imparable. Otro ejemplo de anacronismo: "Prohibir el uso, en la guerra naval, de buques y submarinos cargados de torpedos, u otros dispositivos similares. Dar garantías de que no se construirán buques con esta tecnología". En fin, sin comentarios.

También se prohibió expresamente en las dos conferencias: “El empleo de proyectiles que tengan por único objeto el esparcir gases asfixiantes o deletéreos”. Y esto....Ay, Ay, que me da algo.

Al terminar la Primera Guerra Mundial habían sido liberadas un total de 124.200 toneladas de cloro, gas mostaza y otros agentes químicos, y más de 90.000 soldados habían tenido una muerte dolorosa por esa causa. Además, cerca de un millón de hombres regresaron de la guerra ciegos, desfigurados o con lesiones debilitantes.

Todo lo demás son palabras.

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