Ases de la aviación españoles

Luchó con el bando rebelde sí, pero a pesar de ello hay que reconocer que Joaquín García Morato es el máximo as de la aviación española. Siempre destacó como aviador, durante la república fue nombrado instructor de la escuela de vuelo de Guadalajara y más tarde profesor en la Escuela de Vuelo y Combate del Ministerio de la Gobernación en Madrid.

Cuando estalló el conflicto se incorporó al ejercito rebelde en agosto de 1936, no tardó más de un mes en adjudicarse cuatro derribos.

Durante toda la guerra voló con un Fiat CR32, el caza italiano utilizado por el ejército sublevado conocido vulgarmente como "Chirri". Junto con dos pilotos de confianza fundo la mítica Patrulla Azul, que participó autónomamente con sus propios Chirris en diferentes e importantes batallas, protagonizando gran número de derribos. 

El 18 de febrero de 1937, durante un servicio de protección de bombarderos, los cazas italianos, al llegar a la línea del frente, se negaron a proteger a los bombarderos sobre el territorio fuera del control de los sublevados. A pesar de no ser escoltados, los bombarderos continuaron el vuelo y tras pasar la línea del frente fueron atacados por más de 30 cazas de la Fuerza Aérea Republicana. García-Morato se lanzó con su patrulla (tres aviones) a proteger a sus bombarderos. Finalmente tal demostración de arrojo persuadió al piloto italiano capitán Nobille de que desobedeciera la orden de no cruzar la línea del frente y salió en su ayuda, siendo seguido por el resto de la escuadrilla italiana. Esta acción le valió al intrépido capitán García Morato la Laureada de San Fernando, máxima condecoración militar española.

Resulta curioso que la pericia de éste y otros pilotos persuadió al Estado fascista italiano de que estos aviones biplanos eran el máximo exponente de la ingeniería aérea y continuo fabricándolos sin comprender que se trataba, ya durante la guerra civil española, de un modelo desfasado. Cuando se inició la II Guerra Mundial comprendió de la peor manera que disponía de una flota aérea totalmente desfasada.

En el bando republicano el aviador más destacado fue otro García, esta vez se trata de Andrés García Calle. Nada más iniciarse el conflicto voló para la República en la toma del Cuartel de la Montaña. En septiembre con la llegada de los modernos aviones Polikarpov participó en los primeros escuadrones organizados por los soviéticos en la defensa de Madrid. En noviembre constituía la Escuadrilla Lacalle, bajo control español, donde volaron algunos de los más míticos pilotos de la guerra:  Frank Glasgow Tinker (que más tarde escribió Some Still Live), Albert Baumler, Chang Sellés Ogino, Harold Evans Dahl y Benjamin Leider,​ este último, muerto en combate, no aceptaba pago por sus servicios, que era la principal motivación del resto.

Participaron en la Batalla del Jarama y la Batalla de Guadalajara y actuaron tras la Batalla del Ebro (30 aviones contra unos 550 de la parte alemana e italiana que apoyaba a Francisco Franco). Sí, a mi también me llama la atención que a este no le concediesen la Laureada de San Fernando, en fin, los militares sabrán. Al final de la guerra Lacalle tuvo 11 derribos confirmados.

Murió en 1973 y sus cenizas fueron esparcidas en el aire sobre el escenario de la Batalla del Jarama desde un avión militar de la base de Cuatro Vientos.

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